No des opiniones ni consejos a menos que te los pidan.
La interferencia no solicitada en la vida de otros es una forma de arrogancia. Respeta la autonomía ajena tanto como exiges que respeten la tuya.
Anton LaVey · 1967
Las Once Reglas de la Tierra formuladas por Anton LaVey son un código de conducta práctico que guía al practicante satánico en sus relaciones con el mundo.
No des opiniones ni consejos a menos que te los pidan.
La interferencia no solicitada en la vida de otros es una forma de arrogancia. Respeta la autonomía ajena tanto como exiges que respeten la tuya.
No le cuentes tus problemas a los demás a menos que estés seguro de que les interesa escucharlos.
La queja sin audiencia es un gasto de energía. El satanista cultiva la fortaleza interior y solo comparte sus vulnerabilidades con quienes verdaderamente les importa.
Cuando estés en la guarida de otro, muéstrale respeto o de lo contrario no vayas allí.
El respeto por el espacio y las normas ajenas es un acto de reciprocidad. Lo que exiges para ti, concédelo a otros.
Si un invitado en tu casa te molesta, trátalo cruelmente y sin culpa.
Tu espacio es tu santuario. Eres el soberano de él. La tolerancia tiene límites y defenderlos no es crueldad, sino dignidad.
No hagas avances sexuales a menos que recibas la señal de apareamiento.
El consentimiento es sagrado. Forzar la presencia o el afecto es la antítesis de la filosofía laveyiana, que celebra el deseo mutuo y consensuado.
No tomes lo que no te pertenece a menos que sea una carga para otra persona y ella desee deshacerse de ello.
El respeto por la propiedad ajena es básico. El satanista no roba; conquista por mérito y voluntad propia.
Reconoce el poder de la magia si la has empleado con éxito para obtener tus deseos. Si niegas el poder de la magia después de haberla empleado con éxito, perderás todo lo que hayas obtenido.
Honra la eficacia de tus propios actos y voluntad. El poder psicológico de los rituales laVeyianos radica en reconocer y honrar tu propia capacidad de manifestar cambios.
No te quejes de nada a lo que no tengas que exponerte.
La queja sin acción es parálisis voluntaria. Si algo te molesta y puedes evitarlo, evítalo. Si no puedes evitarlo, acepta la responsabilidad de tu elección de permanencia.
No dañes a los niños pequeños.
Esta regla es absoluta. Los niños son inocentes e incapaces de dar consentimiento. El daño a los niños es una violación fundamental de cualquier código ético.
No mates a los animales no humanos a menos que te ataquen o para tu comida.
Los animales son seres sintientes que merecen respeto. El satanista reconoce nuestra naturaleza animal y la respeta en todas sus formas.
Cuando camines sobre tierra ajena, respeta sus normas o regresa a tu país.
El respeto a las leyes y costumbres del entorno que habitamos no es servilismo, es pragmatismo inteligente. El satanista adapta su comportamiento al contexto sin comprometer su identidad esencial.